PIRÁMIDE DE LA MOVILIDAD
Históricamente, la mayor cantidad de recursos y la mayor parte del viario público se han reservado para favorecer la circulación de vehículos a motor. Si hablamos de movilidad sostenible hay que darle la vuelta a la escala de prioridades que tradicionalmente se ha tenido en cuenta en la configuración de los espacios públicos urbanos y en las políticas de movilidad.
Atendiendo a criterios de eficiencia energética, medioambientales, de equidad social, vulnerabilidad, siniestralidad y calidad de vida urbana se hace imprescindible una nueva jerarquía que deberá tenerse en cuenta en las políticas de movilidad para minimizar los impactos de la movilidad actual.
De ahí nace la pirámide de la movilidad, que establece una jerarquía de preferencia entre los diferentes modos de transporte, con el objetivo de promover la equidad y sostenibilidad en el espacio público, dando prioridad a las personas usuarias más vulnerables y a aquellos medios de transporte que son más eficientes, sostenibles y menos dañinos para el medio ambiente.

Fuente: transportes.gob.es
Se han ilustrado los diferentes actores de la movilidad urbana en forma de pirámide invertida. El orden descendente indica la prioridad que debe otorgarse a cada modo de transporte en el diseño del sistema de movilidad (los modos superiores tienen más prioridad). Los colores de la pirámide indican además el impacto negativo atribuible a cada forma de movilidad, que va aumentando en intensidad a medida que descendemos escalones de la pirámide.
Movilidad a pie
Se deben posicionar los peatones en la parte alta ya que representan el modo de desplazamiento más universal y a la vez saludable y de menor impacto medioambiental. Se trata del elemento de la pirámide más vulnerable e incluye niños, personas mayores y personas con movilidad reducida.
Movilidad en bici
En segunda posición se debe situar la movilidad en bicicleta por sus beneficios respecto a otros modos: eficiente, económica, sostenible ambientalmente y saludable. Estos dos primeros escalones son lo que se conoce como “movilidad activa”, en tanto van asociados a la realización de actividad física, y por tanto contribuyen a luchar contra el sedentarismo, con los efectos beneficiosos para la salud que esto conlleva.
Movilidad en transporte público colectivo
En tercer lugar, se debe posicionar el transporte público, siendo, tras la movilidad activa, el modo más eficiente energéticamente y más asequible. Necesita menos espacio de viario público que los vehículos privados o compartidos. De cara a la reducción de emisiones es relevante el modo de propulsión de dicho transporte, por lo que se debe promover la propulsión basada en energías renovables por medio de la electrificación y el uso de biocarburantes avanzados.
Vehículo motorizado compartido
En la penúltima posición se debe posicionar el uso compartido del coche y moto. Existen distintos esquemas de movilidad compartida (compartición de vehículo, compartición de viaje; ver Píldora ‘Vehículo compartido’) presentando cada uno unas virtudes diferentes. En conjunto, al optimizar la ocupación de los vehículos, tienen capacidad de reducir el consumo de energía y las emisiones por viajero y kilómetro recorrido. Además, pueden facilitar el avance hacia la movilidad electrificada en ciudad y contribuyen a reducir la congestión y la ocupación del suelo público destinado a aparcamiento.
Vehículo motorizado privado
El vehículo motorizado privado en uso individual se sitúa en la base de la pirámide representando el modo de transporte menos sostenible e ineficiente. Es un modo de transporte que en ocasiones no puede ser sustituido, pero debe avanzarse para que, cuando sea posible, sea sustituido por alternativas más eficientes, y en todo caso avanzar hacia la electrificación del parque y en el uso de biocarburantes.
Ventajas de sumarse a la movilidad sostenible

Optar por desplazarse en cercanías, autobús, metro o tranvía se traduce en un menor tiempo empleado en el trayecto en entornos urbanos, ahorro económico, seguridad, accesibilidad y reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Del mismo modo, permite a las personas usuarias despreocuparse del posible congestionamiento del tráfico y dedicar el tiempo a leer, informarse o charlar, además de reducir el estrés y la violencia vinculada a los atascos. Por otro lado, es relevante tener en cuenta que presenta niveles de accidentalidad infinitamente menores que el vehículo privado.
Por su parte, desplazarse a pie o en bicicleta presenta importantes ventajas tanto para el medioambiente como para la salud. No sólo no emite gases contaminantes, si no que, al tratarse de una actividad física, genera importantes ventajas en la prevención de enfermedades asociadas al sedentarismo, así como sobre la salud mental.
Siendo partícipe de este tipo de modos de transporte, colaboras en favorecer que la movilidad sea un derecho social y no un privilegio individual, puesto que sitúa al ciudadano en el centro de las políticas públicas, y con ello se apuesta por soluciones de movilidad que den respuesta a las necesidades de todas las personas.
