¿Qué es la Pobreza Energética?
Partimos de que no existe una definición universal de Pobreza Energética y el concepto ha ido evolucionando desde una concepción más centrada en factores individuales (incapacidad de pago de facturas y baja eficiencia energética) a factores más contextuales y estructurales (condiciones del mercado energético, estigma social, ubicación geográfica y clima, etc.).
Si hacemos un breve recorrido histórico del concepto vemos que originalmente se definió como “la incapacidad de un hogar para obtener una cantidad adecuada de servicios energéticos por el 10% de la renta disponible” (Boardman, 1991) esta definición, centrada en la capacidad de pago de las familias, ha ido evolucionando en las últimas décadas incluyendo aspectos como el de la eficiencia energética, este es el caso de la definición que ha determinado el estado español en la Estrategia Nacional contra la Pobreza energética, a través del Ministerio para la Transición Ecológica, (2019) según la cual “la pobreza energética se define como la situación en la que se encuentra un hogar en el que las necesidades básicas de suministros de energía no pueden ser satisfechas como consecuencia de un nivel de ingresos insuficiente y que, puede ser posiblemente agravada por disponer de una vivienda ineficiente en energía”.
A la vez que se han ido detectando diferentes factores causales del fenómeno, como los estructurales, medioambientales y sociales, que reflejan la multidimensionalidad y complejidad del fenómeno, autores como Pellicer-Sifres, (2018) han propuesto otras definiciones más amplias como la siguiente:
“La pobreza energética es la dificultad de disfrutar de los servicios energéticos necesarios para una vida digna y que merezca la pena ser vivida. Se trata de una cuestión de injusticia social, modelada por factores sociales, personales y medioambientales (como las políticas, las jerarquías y los círculos sociales, la edad, las habilidades personales, las necesidades energéticas especiales o la climatología) que, en gran parte, están provocada por causas derivadas del modelo energético (elevados costes, la estricta regulación de desconexión, la complejidad del mercado o la falta de transparencia) así como del contexto estructural más amplio (alto índice de desempleo, la mercantilización de otros bienes como el agua, el gas o la vivienda, la baja calidad energética del parque de viviendas, o los estigmas sociales y culturales)”.

Por tanto, podemos inferir que la pobreza energética es una situación multidimensional y compleja, que depende de la interrelación de factores individuales y contextuales que dependen de la situación determinada de un hogar con unas características determinadas y ubicado en un lugar concreto.
