Comunidades energéticas

 

ENERGÍA COMUNITARIA

Cuando hablamos de “energía comunitaria”, nos referimos a personas miembros de una comunidad que cooperan en cuestiones de energía. La energía comunitaria es un concepto amplio que puede referirse a proyectos colectivos de cambio a renovables, a inversiones colectivas en paneles solares, o también a la propiedad comunitaria de una empresa de comercialización de energía o incluso de una red de distribución. Algunas personas trabajan juntas de manera informal, mientras que otras constituyen personas jurídicas. En función de la actividad, la energía comunitaria puede adoptar distintas formas.

Entre las distintas formas jurídicas que se utilizan para crear comunidades energéticas locales están la de cooperativa, empresas de economía social y solidaria, consorcio, empresa de interés comunitario, fundación, organización sin ánimo de lucro, fideicomiso y asociación. La fórmula jurídica más adecuada depende de las necesidades que tenga la comunidad, y de las normas en torno a cooperativas y organizaciones en el país.

Además, como veremos a continuación, existen otras opciones que combinan estas formas y que vinculan las actividades relacionadas con la comunidad energética a una organización ya existente. Al final, lo que más importa es el objetivo y las actividades que se realizan para apoyar la democracia energética y no la estructura que se elige.

Una muy buena opción para los proyectos energéticos es constituir una cooperativa (un grupo de personas que se autogestionan para trabajar juntas en un tema específico en beneficio de su comunidad). Las cooperativas pueden cubrir cuestiones como la alimentación, la vivienda, el transporte, las finanzas… y la energía. Muchos proyectos de energía comunitaria de toda Europa son cooperativas o REScoops (cooperativas de fuentes de energía renovable).

En materia de energía, las cooperativas pueden dedicarse a muchas actividades distintas. Al contemplar las cooperativas, es importante observar qué hacen, pero también cómo y por qué lo hacen. En primer lugar, el principal objetivo de una cooperativa no es generar ganancias financieras, sino mejorar las condiciones de vida de su comunidad. Eso no significa que las cooperativas no tengan ganancias, pero estas pueden ir directamente a sus personas socias o se reinvierten en proyectos en beneficio del entorno natural, social o económico de la comunidad.

En segundo lugar, una cooperativa se organiza de manera democrática, abierta y transparente. Esto se refiere tanto a la organización interna como a la toma de decisiones financieras. Por ejemplo, las personas socias pueden decidir cómo usar las ganancias de la cooperativa y cómo quieren establecer su equipo y dirigirlo. Una característica importante es, además, que todas las personas socias tienen un voto, con independencia de lo que hayan invertido. Estas dos características juntas son lo que distingue a las cooperativas de los negocios tradicionales.

En el caso del Estado español, aunque la situación tras años de legislación nefasta en materia energética pueda parecer lo contrario, existe una gran historia cooperativista energética. En este sentido, podemos decir que se han producido dos olas de creación de cooperativas energéticas. A finales del siglo XIX y principios del XX, las personas alejadas de los ámbitos urbanos no tenían apenas acceso a la energía eléctrica, ya que no era prioritario ni para las grandes empresas, ni para el Estado. Esto motivó la constitución de cooperativas en numerosas zonas geográficas donde los vecinos y vecinas se organizaron para producir y distribuir esta energía –se estima que llegaron a existir unas 2.000 cooperativas–.

Sin embargo, tras la guerra civil, las dificultades económicas favorecieron que muchas fuesen absorbidas por empresas de mayor tamaño en un proceso de concentración empresarial cada vez mayor que ha desembocado en el ya conocido oligopolio energético. Existen estimaciones que indican que han sobrevivido una veintena de cooperativas, la mayoría en Valencia. Y algunas, como el caso de Enercoop en Crevillente han adoptado principios de generación y comercialización 100% renovables.

De forma más reciente, con la motivación de construir un modelo energético renovable, descentralizado y democrático han surgido iniciativas que, si bien por el momento se han centrado en la comercialización de energía eléctrica de origen renovable como Som Energia, cada vez son más las iniciativas que amplían este ámbito como la producción.

Algunas cooperativas de energía guardan más relación con una función económica, como el consumo o la producción (lo que las acerca más a cooperativas tradicionales de personas consumidoras, trabajadoras o productoras); otras combinan distintas actividades económicas (producción y consumo).

  • Algunas cooperativas exigen que las personas consumidoras sean socias;
  • otras ofrecen la posibilidad de solo invertir sin usar los servicios como persona productora o consumidora, lo que puede atraer inversiones ajenas a la zona de suministro;
  • y algunas cooperativas ofrecen la posibilidad de ser consumidora sin invertir, lo que puede ampliar su base de clientes.

Existen distintas maneras de organizar la gobernanza dentro de una cooperativa y suelen girar en torno a los siete principios de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), que se basan en los principios de Rochdale. REScoop.eu, la federación europea de cooperativas de energía ciudadana ha integrado los principios de la ACI en su constitución.

Si bien varios países han desarrollado formas jurídicas para las cooperativas en su legislación estatal, los principios de la ACI se pueden integrar en cualquier persona jurídica más allá de las cooperativas (por ejemplo, en los estatutos fundacionales). Cada vez más organizaciones pivotan su gobernanza interna sobre estos principios.

Un desafío habitual en las cooperativas es que la mayoría de sus personas socias participan de forma voluntaria, lo que hace que cobre todavía más importancia el asegurar que existen una comprensión común, unos valores y unos objetivos compartidos, una comunicación sana y una buena distribución de la carga de trabajo dentro del grupo.

MANTENER EL RUMBO

Las cooperativas han demostrado ser una de las formas más estables para los proyectos de energía comunitaria porque la gente pone pasión en dichos proyectos. Alguien se puede quedar en su puesto de trabajo, aunque haya algunas cosas que no le gusten, pero a menudo lo que nos mantiene involucradas en algo voluntario es la motivación. Eso depende mucho de cómo nos sentimos en el grupo y por eso es fundamental dedicarle tiempo y esfuerzo a crear unas dinámicas de grupo sanas.

 

VENTAJAS DE LA ENERGÍA COMUNITARIA

  1. ABANDONAR LOS COMBUSTIBLES FÓSILES

Los proyectos comunitarios de energías renovables reducen de manera significativa las emisiones de carbono ya que reemplazan a los combustibles fósiles. La mitad de toda la ciudadanía de la Unión Europea podría estar produciendo su propia electricidad en 2050, lo que cubriría el 45% de la demanda energética de la UE. En el caso concreto del Estado español un estudio de Amigos de la Tierra proyecta que sólo con comunidades energéticas basadas en autoproducción se podría llegar a satisfacer para 2030 un 58% de la demanda energética, si se pusieran en marcha ya. Eso supondría un alejamiento gigantesco de los combustibles contaminantes que producen CO2 y desestabilizan el clima. Cuando la ciudadanía se involucra en la transición energética, aumenta en general el respaldo a las renovables y se puede realizar la transición mucho más rápido.

  1. REDUCIR EL CONSUMO DE ENERGÍA

Muchos proyectos de energía comunitaria van encaminados a disminuir la cantidad de energía que se utiliza, al admitir que debemos reducir nuestro consumo energético para pasar a las renovables. Quienes integran los proyectos de energía comunitaria se empoderan para disminuir la energía que usan mediante programas de sensibilización y la inversión en ahorro energético. En Brno, en República Checa, por ejemplo, una asociación de compra de aislamiento ofrece formación a las personas residentes para que puedan reducir el consumo energético en sus edificios de apartamentos.

  1. INVERSIONES EN ENERGÍA LIMPIA

La transición a una generación de energía limpia y segura va a requerir de grandes inversiones. Aunque dichas inversiones sean rentables, crear un proyecto energético precisa de grandes cantidades de capital.

Millones de personas en toda Europa tienen sus ahorros en el banco, sin saber que con ellos están alimentando la crisis climática porque la mayoría de los bancos y los planes de pensiones invierten en proyectos de energía sucia. Cuando las comunidades se involucran en la transición energética, este dinero se puede redirigir a soluciones climáticas y a la economía local. Una forma importante de que tu proyecto disponga de dinero y las personas se involucren es permitir que las comunidades puedan comprar mediante participaciones.

También las finanzas pueden suponer un desafío, ya que puede ser difícil reunir el dinero necesario. Pero una vez las comunidades superan esta dificultad inicial, el proyecto puede movilizar el dinero preciso para dar impulso a la transición energética. Por ejemplo, en Alemania, la famosa transición de Energiewende salió adelante sobre todo gracias a inversiones de los agricultores, las comunidades y la ciudadanía.

  1. CONSIGUIENDO EL APOYO SOCIAL A LAS RENOVABLES

Un gran obstáculo para las renovables puede ser que la gente del lugar se oponga a los proyectos energéticos. A veces, no resulta complicado entender por qué: con demasiada frecuencia, se imponen a las comunidades proyectos a gran escala sin dar mucha posibilidad a las personas que allí viven de dar su opinión, expresar sus preocupaciones o participar. Pero cuando las personas se involucran en el proyecto o, mejor aún, cuando es su propio proyecto, la aceptación y el apoyo pueden aumentar de manera drástica.

Diversos estudios han demostrado que la gente confía más en los proyectos de energía comunitaria. El respaldo público a las energías renovables en Dinamarca subió de forma significativa según se desarrollaron cooperativas eólicas y con el requisito a las promotoras eólicas de vender participaciones a la población del lugar.

Cuando las personas se involucran en un proyecto, es mucho más probable que valoren sus ventajas y que acepten los aspectos negativos. También sienten que tienen la capacidad de atenuar sus efectos negativos; por ejemplo, al elegir con atención dónde colocar los parques eólicos en la zona.

El apoyo de la opinión pública a las renovables está vinculado con el grado de concienciación de las personas. Cuanto más sabe la gente sobre cuestiones de energía, más probable es que respalde las tecnologías renovables. Para realizar la transición a un sistema energético limpio y seguro, las personas deben involucrarse en ser parte de la solución. Muchos proyectos de energía comunitaria proporcionan información y hacen una labor de difusión, lo que aumenta el apoyo de la población en general.

  1. ABORDAR LA POBREZA ENERGÉTICA

Muchos proyectos de energía comunitaria proporcionan una asignación de electricidad a bajo coste a las personas que participan. En el Reino Unido, se transfirió a muchas personas que no podían pagar sus facturas de la luz a unas tarifas todavía más caras de “paga por consumo”. Gracias al proyecto comunitario Brixton Solar, las personas residentes recibieron, en lugar de eso, una cantidad de electricidad gratuita, que generaban con paneles solares en sus tejados. El proyecto también proporciona talleres de “cazafugas” para ayudar a la gente a reducir su consumo energético y sus facturas. Cuando las comunidades poseen los medios para producir su propia energía, tienen más control sobre los costes, carecen de motivos para cobrar de más a las personas y no piden que suban los precios, como hacen las grandes eléctricas.

Instalación solar fotovoltaica Brixton Energy Solar 1 financiada por 103 vecinas y vecinos de Brixton, en el sur de Londres. Fuente: brixtonenergy.co.uk

  1. APOYAR LA ECONOMÍA DEL LUGAR

Los proyectos de energía comunitaria generan entre 2 y 8 veces más ganancias locales que un proyecto desarrollado por un agente externo (como han mostrado los proyectos de energía solar y eólica). Crean empleo y pueden servir para crear mercados locales de energía donde las personas consumidoras pueden comprar energía a un precio justo y estable. Además, pueden estimular la innovación estatal y europea. Al ser proyectos locales, las comunidades pueden ser un pilar para que surja una industria fotovoltaica en Europa, ya que es más probable que cuenten con un fabricante local o regional de paneles solares que aplique unos criterios sociales y medioambientales más elevados.

  1. COMUNIDADES MÁS FUERTES

Las comunidades que se embarcan en exitosos proyectos de energías renovables experimentan una sensación de orgullo y confianza. Las personas desarrollan habilidades valiosas y refuerzan sus relaciones. Es más probable que las comunidades que han trabajado juntas en un proyecto de energía limpia pongan en marcha otros proyectos que también beneficien a su comunidad.

  1. REDISTRIBUCIÓN DE GANANCIAS

Compartir los beneficios financieros del proyecto también refuerza a las comunidades y muchos proyectos de energía comunitaria poseen unos pequeños planes de financiación que distribuyen ayudas a grupos de voluntariado y asociaciones del lugar. Por ejemplo, Wadebridge Renewable Energy Network (WREN) en Reino Unido solía cobrar una pequeña tarifa por conectar a personas compradoras con suministradoras, sobre todo para la energía solar, y era su membresía la que decidía qué grupo local era el que iba a recibir financiación. Según fue disminuyendo la ayuda gubernamental para la energía solar doméstica en cubiertas, hasta que acabó por desaparecer, esta actividad se fue agotando y cesó. No obstante, la WREN estaba bien posicionada para asumir la administración de los fondos comunitarios de 70.000 £ al año, que provenían de los parques eólicos y solares comerciales, que se distribuyen a organizaciones sin ánimo de lucro y de voluntariado de la zona a través de una red de comités locales. Estos planes financieros pueden proporcionar un nuevo aliento a las comunidades en términos económicos y sociales.

Con las instalaciones realizadas hasta la fecha, WREN ha suministrado energía a 1120 viviendas de Wadebridge y Padstow. Fuente: wren.uk.com

WREN | Comunidad Energética en Reino Unido

  1. AUMENTO DEL PAPEL PROTAGÓNICO DE LAS MUJERES Y OTROS COLECTIVOS VULNERABLES EN LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA

Los proyectos de comunidades energéticas, si incluyen las perspectivas y mecanismos necesarios, pueden ser grandes oportunidades concretas y prácticas para aumentar el papel protagónico de las mujeres en la transición energética, fomentando su participación real y liderazgo en estos proyectos. De igual forma ocurre con otros colectivos que apenas participan en el sector energético como poblaciones rurales, población migrante, juventud… Diversos estudios concluyen que la mayor participación en este tipo de proyectos es de hombres a partir de la mediana edad y de clase media. Es importante crear un movimiento ciudadano diverso por la energía comunitaria ¡para que nadie se quede atrás!