Manual Pobreza Energética 1 – Diagnóstico

El Centro de Asesoramiento sobre Pobreza Energética de la UE, más conocido como EPAH por sus siglas en inglés (Energy Poverty Advisory Hub) es un órgano europeo cuya misión es erradicar la pobreza energética y acelerar la transición energética justa de los gobiernos locales europeos.

Se trata de la plataforma central de conocimientos sobre pobreza energética en Europa para los gobiernos locales y todas las partes interesadas, tomando medidas para combatirla a través de:

  • Involucrar a los gobiernos locales, las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones de la UE y el mundo académico de toda Europa en la mitigación de la pobreza energética y la comprensión de los aspectos sociales relacionados con ella. Para ello, recopilan, analizan y difunden casos inspiradores y resultados de investigación.
  • Crear una red de colaboración de partes interesadas en tomar medidas contra la pobreza energética en Europa y comprometiéndolas en un diálogo e intercambio continuos a través de la plataforma EPAH, eventos nacionales e internacionales, talleres y oportunidades de formación digital.
  • Motivar a las partes interesadas a tomar medidas contra la pobreza energética a nivel local mediante el establecimiento de un sistema de apoyo a los gobiernos locales y a todas las partes interesadas.

Es por todo ello que han creado una serie de manuales para llevar ese conocimiento a las administraciones locales, donde abarcan las tres fases del proceso: Diagnóstico, Planificación y Ejecución. La Palma Renovable se ha encargado de traducir dichos documentos para que una mayor cantidad de personas puedan acceder a los recursos que la EPAH proporciona.

Fuente original: EPAH Handbook 1: A Guide to Energy Poverty Diagnosis

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INTRODUCCIÓN

El diagnóstico es el comienzo de una serie de pasos que componen el esfuerzo de mitigación de la pobreza energética, y es fundamental para comprender sus causas profundas. Al final de esta primera fase, después de implementar todos los pasos, se obtendrá un marco local que permitirá el diseño e implementación de acciones concretas, además de pruebas objetivas y defendibles que fomente el compromiso con una red más amplia de partes interesadas.

Un diagnóstico sólido permitirá responder a las preguntas más relevantes a la hora de diseñar soluciones eficaces: ¿Existe pobreza energética en el municipio? ¿Dónde se encuentra concentrada? ¿Cuál es la gravedad de la situación? ¿Quiénes son los más afectados? ¿Cuáles son los factores determinantes más importantes? ¿Qué percepción tienen los agentes implicados de este problema?

La acción local de cada municipio en su esfuerzo por analizar y abordar la situación es fundamental para combatir la pobreza energética. Todos los pasos que se den son importantes y tienen un propósito para mejorar la vida de las personas que se encuentran en esta situación. Cada acción cuenta y el mejor momento para actuar es ahora. Tanto si se tienen conocimientos previos como si no; tanto si se dispone de muchos recursos como de pocos. Diagnosticar la situación es el punto de partida.

Las señales de alerta sobre la posible presencia de pobreza energética en el contexto local pueden venir de muy diversas fuentes. Puede tratarse de información recibida de los servicios sociales sobre un número significativo de hogares que solicitan ayuda debido a facturas energéticas muy elevadas, de la constatación de que una parte considerable del parque inmobiliario es antiguo y los índices de renovación son bajos, etc.

La necesidad de un diagnóstico detallado también puede venir provocada por la introducción de una nueva legislación nacional o regional dirigida a los consumidores vulnerables. En algunas localidades existe una alineación de las necesidades con las voluntades políticas, en estos casos se trata de asignar los recursos adecuados para alcanzar un punto de partida estructurado. En otros municipios, puede darse el caso de que sea necesario aumentar la concienciación a nivel político para establecer un compromiso inicial. En estos casos, es aconsejable empezar a recopilar las pruebas iniciales de la situación, y utilizar esta información para argumentar la necesidad de investigar más a fondo la situación de la pobreza energética a nivel local.

El primer elemento necesario será una observación general de la situación actual, que puede ser tan amplia como creer que puede haber pobreza energética en un barrio concreto por el hecho de haber recibido ciertas señales de alerta, o que debido a un aumento del precio de la energía puede existir la posibilidad de que parte de la población esté sometida a pobreza energética.

Realizar un diagnóstico tiene un coste que, sobre todo en los primeros pasos, demandará una gran cantidad de tiempo invertido por el personal implicado. Sin embargo, hay otros pasos en los que es importante considerar cuidadosamente los objetivos y los recursos disponibles, para garantizar que estén alineados y sean realistas.

La metodología propuesta por el Centro de Asesoramiento sobre Pobreza Energética de la UE (EPAH en inglés), es un modelo circular, de forma que es posible empezar con recursos limitados y realizar un primer diagnóstico que podrá ampliarse más adelante en el proceso.

 

METODOLOGÍA

Aunque las realidades locales de la pobreza energética difieren, el Manual de la EPAH presenta 7 pasos prácticos que proporcionan un marco flexible que puede utilizarse independientemente de los entornos geográficos, culturales y económicos. Se pueden utilizar estos pasos como una lista de control o una receta empezando por el paso más relevante. El núcleo de la metodología puede adaptarse a su contexto y ayudar al desarrollo de un conjunto sólido de acciones, o para integrar la pobreza energética en planes climáticos y energéticos existentes.

Fuente: elaboración propia con MindMap

 Primera fase

  • Paso 1: Comprender la complejidad de la pobreza energética – Objetivo: Conocer el tema en mayor profundidad.
  • Paso 2: Identificar y comprometer a las partes implicadas – Objetivo: Constituir un grupo de trabajo.

 Segunda fase

  • Paso 3: Establecer y analizar una hipótesis – Objetivo: Detallar las observaciones iniciales con nuevos elementos.
  • Paso 4: Definir la información que se va a recoger – Objetivo: Medir el impacto a nivel local.
  • Paso 5: Recoger datos y pruebas adicionales – Objetivo: Integrar la información disponible.
  • Paso 6: Procesar toda la información y datos – Objetivo: Conectar los puntos entre las hipótesis, indicadores e información.

 Tercera fase

  • Paso 7: Definir la pobreza energética local y comunicarlo – Objetivo: concluir la primera fase con un registro del proceso y compartiendo información clave.

 

El objetivo principal de esta primera fase es identificar y disponer de los recursos y trabajos previos que se hayan realizado, tanto dentro de la administración pública local como fuera de ella, ya sean redes comunitarias u otros organismos. Se busca que puedan proporcionar aportaciones importantes al diagnóstico de pobreza energética, además de identificar a aquellas personas adecuadas y dispuestas a participar en el trabajo práctico del diagnóstico local de pobreza energética.

Los siguientes pasos pueden ser realizados a menudo por una sola persona o un pequeño grupo de personas que se encarguen de poner en marcha la fase de diagnóstico, aunque también se puede considerar la posibilidad de recurrir a algún proveedor de servicios profesionales o consultor externo para facilitar el proceso.

 

Primera fase

Paso 1: Comprender la complejidad de la pobreza energética

Objetivo: Conocer el tema en mayor profundidad

La pobreza energética es un tema complejo, ya que confluyen multitud de variables: la situación del hogar, los ingresos, el género, el nivel educativo, los electrodomésticos existentes, las fuentes de energía y los precios, entre otros.

Para comprender todos los factores posibles, es importante tener una visión completa de cómo se manifiesta la pobreza energética en el ámbito local. Un diagnóstico de pobreza energética puede tomar muchas formas y dimensiones, dependiendo de la situación geográfica, social, técnica y financiera de la localidad. Por ello, se deberá conocer qué es la pobreza energética, las causas, los motores, las consecuencias y lo que está en juego a la hora de diagnosticar este problema social.

Un factor clave es mantener el objetivo final -un diagnóstico local de la pobreza energética- en mente en todo momento. Este resultado final debe ser capaz de responder a todas las preguntas que se plantean en el punto de partida, así como a otras preguntas que irán apareciendo durante el proceso. Por ejemplo, la identificación de los grupos vulnerables, la magnitud, la caracterización de estos grupos vulnerables, evaluaciones basadas en la localización, etc.

Durante la investigación de las diferentes perspectivas de la pobreza energética se encontrarán documentos e informes que pueden ser útiles en diferentes etapas del diagnóstico (por ejemplo, informes de proyectos anteriores, informes y estadísticas regionales o nacionales, enlaces a conjuntos de datos, artículos, estudios científicos, mapas, etc.). Es primordial mantener la trazabilidad de todos estos recursos, por lo que se deberán investigar, organizar y dar sentido a la información y los recursos disponibles.

Recopilar y familiarizarse con los diversos documentos e informes que pueden ayudar a aumentar los conocimientos sobre la pobreza energética, es la base para el desarrollo de un diagnóstico eficaz. Se puede empezar revisando los recursos disponibles en los manuales de la EPAH respecto a conceptos clave como consumidores vulnerables, ingresos, precios de la energía, eficiencia energética en la vivienda, etc.

Como guía para empezar, también puede buscar documentos relacionados con los seis temas que más tarde se utilizarán para organizar los indicadores de impacto local: clima, servicios/vivienda, movilidad, socioeconomía, política/marco normativo, participación y sensibilización. Utilizar estas aportaciones como base para iniciar la investigación es útil, pero no se debe limitarse a ellas.

Ejemplos de actividades propuestas para esta fase:

•      Enumerar las señales de alerta sobre la posible presencia de pobreza energética en el contexto local.

•      Hacer una lista de las preguntas a las que se cree que debe responder el diagnóstico.

•      Elaborar una lista de los distintos documentos que se hayan localizado y/o que compartan otras organizaciones.

•      Enumerar por orden cronológico para disponer de información clara sobre qué documento es más reciente.

Enlaces de interés

·         Introducción al Manual de la EPAH: Guía para comprender y abordar la pobreza energética (2022)

·         Lucha contra la pobreza energética a través de acciones locales – Casos inspiradores de toda Europa (2021)

·         Llevar la investigación sobre la pobreza energética a la práctica local: Explorando análisis a escala subnacional (2022)

·         Cursos en línea de la EPAH

·         Manual de pobreza energética de los Verdes/EFA (2022)

·         Pobreza energética en la UE

·         Abordar la pobreza energética en la Unión Europea: Estado de la cuestión y actuación (2019)

·         EP Pedia

 

Paso 2: Identificar y comprometer a las partes implicadas

Objetivo: Constituir un grupo de trabajo

La pobreza energética puede afectar a varias esferas de la sociedad, incluidos el sector social, energético, de la vivienda, sanitario y medioambiental. Para garantizar el acceso a diferentes perspectivas, es importante trabajar conjuntamente con las partes interesadas, tanto internas como externas.

Partes interesadas internas

La diversidad de conocimientos y enfoques es más que bienvenida a la hora de elaborar un diagnóstico de la pobreza energética. Aunque el liderazgo de la iniciativa puede venir de perfiles muy diversos, para hacer un diagnóstico basado en la realidad es necesario asegurarse de que todas las perspectivas están debidamente incluidas en el alcance y los objetivos del diagnóstico. Por lo tanto, es importante que un grupo en el que distintos enfoques y sensibilidades estén representados se encargue de elaborar el diagnóstico. Un grupo de trabajo con capacidad para aportar diversas perspectivas técnicas y sociales al diagnóstico suele ser un ejercicio que incluye personas que rara vez colaboran en el día a día.

Las nuevas colaboraciones crean nuevas perspectivas y conclusiones mejor elaboradas y fundamentadas. Por ejemplo, los geógrafos pueden trabajar con datos geodésicos regionales y cartografiar la vulnerabilidad por barrios, mientras que los sociólogos o los trabajadores sociales pueden recoger datos cualitativos de una muestra de hogares mediante entrevistas. Una vez identificadas las personas participantes, es importante implicarlas activamente. Reunir a personas de distintos departamentos en una organización y con competencias complementarias es un aspecto fundamental para abordar retos complejos. Sin embargo, esto también puede presentar dificultades debido a conflictos internos, diferentes prioridades y agendas. Es importante centrar la colaboración en el tema específico de pobreza energética, y recabar información derivada de las distintas perspectivas. Este enfoque no sólo ayudará a ampliar la comprensión sobre el tema, sino que también aumentará la implicación de los distintos miembros del equipo.

Es importante comprender que cada sector tiene sus propios intereses primarios, que pueden ser sólo parcialmente vinculados a la pobreza energética. Los resultados esperados del diagnóstico también pueden variar en cierta medida. Tratar de alinear las diferentes perspectivas puede ser un elemento clave para el éxito de la colaboración.

Una vez comprendidas las distintas perspectivas, se puede establecer un objetivo común y crear un calendario en el que se identifiquen las distintas funciones y responsabilidades, así como las sinergias. Acordar conjuntamente la mejor manera de comunicarse y proceder al intercambio de información.

Partes interesadas externas

Existen perspectivas que pueden enriquecer sustancialmente el diagnóstico local de la pobreza energética. Las partes interesadas externas pueden ser expertos locales, organizaciones de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales (ONG), servicios sociales, cooperativas, centros de investigación, universidades, agencias de energía, empresas energéticas, bancos, fondos de inversión, pequeñas y medianas empresas (Pymes), etc., y pueden ayudar de diferentes formas al avance del diagnóstico (ya sea facilitando información, mejorando la comunicación con los ciudadanos o accediendo a instrumentos financieros). Por ejemplo, las universidades o las ONG pueden colaborar contratando a estudiantes de posgrado/voluntarios para realizar tareas específicas, lo que puede ser beneficioso para ambas partes.

Una vez identificadas las partes interesadas externas, es importante implicarlas y comprender mejor su interés por la pobreza energética, además de explorar las posibilidades de aunar esfuerzos para realizar el diagnóstico y otras futuras acciones.

Ejemplos de actividades propuestas para esta fase:

•      Organizar una reunión para validar las preguntas del diagnóstico con todas las partes interesadas, con el fin de llegar a un consenso para continuar el proceso.

•      Preparar un mapeo de las partes interesadas internas y externas (intentar centrarse en mapear diferentes realidades, especialmente aquellas que tienen un nivel de confianza alto con los consumidores vulnerables).

•      Organizar una reunión interna y completar el mapa con la información adicional que puedan aportar. Intentar alinear las distintas perspectivas con un objetivo común y dejar constancia de ello por escrito.

•      Organizar una reunión con todas las partes interesadas externas y completar el mapeo con la información adicional que puedan aportar. Intentar identificar posibles intereses comunes y oportunidades para trabajar juntos.

Enlaces de interés

·         Análisis de las partes interesadas, ODI (2009)

·         Una asociación multilateral para erradicar la pobreza energética en Zagreb

·         Mapa de las partes interesadas (ejemplo)

 

Segunda fase

Los siguientes pasos se centran en evaluar las observaciones generales que desencadenaron el proceso, transformarlas en una hipótesis más específica, establecer indicadores y crear la base para evaluar la pobreza energética local.

El objetivo principal es recopilar suficientes elementos para transformar la observación inicial en una evaluación concreta, y caracterizar la pobreza energética local a través de una serie de indicadores que también servirán para supervisar el impacto de las acciones implementadas.

Estos pasos están específicamente interconectados para que se pueda trabajar en ellos en paralelo. Puede que sea necesario repetir estos pasos para profundizar en aspectos concretos que se desee investigar.

Existen múltiples caminos para pasar de una observación a una definición final. Cada camino puede describir realidades distintas y producir resultados diferentes, lo que se traduce en distintos niveles de solidez y fiabilidad (en función de los datos y pruebas disponibles para apoyar el razonamiento).

En función del enfoque que se decida adoptar, pueden ser necesarios distintos niveles de compromiso para llevar a cabo las actividades. Debe participar un grupo de trabajo completo, pero también las partes interesadas externas, incluidos los servicios de expertos que puedan estar a disposición para determinados análisis detallados específicos.

 

Paso 3: Establecer y analizar una hipótesis

Objetivo: Detallar las observaciones iniciales con nuevos elementos

Debido a sus características multidimensionales, la pobreza energética puede definirse de varias maneras complementarias entre sí. Para componer una visión general, conviene empezar por recopilar en una tabla las distintas hipótesis, que puede proporcionar información adicional sobre la observación inicial y servir de guía para la descripción final de la pobreza energética local.

Esta fase se basará en la experiencia práctica y el acervo de conocimientos de los grupos de trabajo en relación con los retos locales y la prestación de apoyo a los ciudadanos vulnerables, así como en la información obtenida a través de la investigación realizada e integrada por las distintas partes interesadas, con el fin de establecer un conjunto de hipótesis relativas a los posibles problemas que deben investigarse.

Como primer paso, la experiencia práctica del grupo de trabajo debe recopilarse en reuniones en las que puedan reunirse las distintas perspectivas sociales y técnicas. Puede iniciarse el debate con usuarios vulnerables, con el objetivo de identificar ‘qué’ caracteriza a la pobreza energética en el municipio, ‘dónde’ se extiende y sus posibles ‘causas y efectos’. También puede centrarse en los elementos comunes de las distintas señales de alerta recibidas y los detalles observados (por ejemplo, tipo de la señal de alerta, si proceden de la misma zona geográfica y/o de grupos de personas similares, etc.). Cuanto más se implique en el debate a todas las partes interesadas, más posibilidades tendrá de que la hipótesis esté bien definida, lo que puede facilitar todo el proceso. En esta fase, el enfoque debe ser lo más amplio posible y se deben anotar todas las propuestas.

A continuación, debe analizarse críticamente cada hipótesis. Es útil utilizar preguntas específicas que puedan abrir otros posibles debates (Tabla 1, columna 2).

Tabla 1. Cuestionario para investigar la pobreza energética en la localidad.

Observación basada en señales de alerta Preguntas sobre la observación Para responder a estas preguntas se elaboran varias hipótesis, basadas en la experiencia práctica de las distintas partes interesadas
Creemos que puede haber pobreza energética en ese barrio porque recibimos varias señales de alerta ¿Por qué? ¿Cuáles son concretamente las señales de alerta? ¿Cuáles pueden ser las causas (climáticas, económicas, sociales)?
Hipótesis Preguntas marco Información complementaria Solidez de la hipótesis
Creemos que puede haber pobreza energética en X barrio debido a la mala calidad de las viviendas ¿Cuáles son los problemas de las viviendas (aislamiento del tejado, ventanas deficientes, edificio viejo, sistema de calefacción antiguo, etc.)? ¿Por qué rehabilitan? Sí: estado de las viviendas (del departamento de vivienda), una encuesta de las OSC Alta
Creemos que puede haber pobreza energética en X barrio porque los edificios no están conectados a la calefacción urbana ¿Qué fuentes de energía utilizan? ¿Cuál es la combinación energética? Parcialmente: Información sobre la falta de calefacción urbana. Sin datos ni información sobre la combinación energética. Media à tratar de recopilar datos adicionales
Baja à Si no se puede recopilar información adicional para investigar las partes que faltan
Creemos que puede haber pobreza energética en X barrio debido a los bajos conocimientos energéticos ¿Cuál es la situación socioeconómica de las personas que viven en el barrio? ¿Qué determina una escasa cultura energética? Datos que muestran elementos opuestos

Una encuesta confirma un nivel suficiente de conocimientos energéticos

No validada à Necesita ser revisada y reformulada

Por último, antes de pasar a los siguientes pasos, se debe evaluar en qué medida la hipótesis está respaldada por la información, lo que determinará cómo se llevará a cabo la investigación posterior. Básicamente se pregunta: ¿Son adecuadas las hipótesis planteadas? ¿Son suficientes los datos y la información recopilada para respaldarlas? ¿Se dispone de recursos para seguir investigando? Esta investigación es esencial para pasar de los retos percibidos por personas u organizaciones locales a conclusiones ampliamente consensuadas.

La Tabla 1 muestra algunos ejemplos de posibles preguntas que pueden guiar tu proceso de investigación crítica de la pobreza energética local.

Como puede verse en la Tabla 2, estas diferentes hipótesis presentan distintos niveles de riesgo. En el primer caso, es probable que la hipótesis represente correctamente uno de los casos de pobreza energética y, por lo tanto, es más probable que dé lugar a la planificación y ejecución de acciones de impacto. En el segundo caso es fundamental seguir adelante y recabar más información. Por otro lado, en el tercer caso la situación es arriesgada: puede que la hipótesis se confirme y se pongan en marcha futuras acciones, pero esto también puede dar lugar a que la hipótesis no se valide al final del proceso. El cuarto caso debe excluirse por completo, aunque el proceso de análisis puede haberle llevado a una comprensión más profunda y facilitar una reformulación renovada y corregida.

Tabla 2. Niveles de riesgo para la hipótesis propuesta.

1 La hipótesis está fuertemente apoyada por la información disponible Se dispone de información suficiente para responder con confianza a las preguntas específicas y respaldar la hipótesis. Sin embargo, se continúa con el siguiente paso para evaluar si se puede obtener una compresión algo más profunda
2 La información disponible actualmente no es suficiente para validar la hipótesis, aunque existe la posibilidad de continuar investigando La información de la que se dispone no basta para responder a todas las preguntas. Es necesario seguir investigando para validar o no la hipótesis
3 La información disponible actualmente no es suficiente para validar la hipótesis, y no existe la posibilidad de obtener más datos En este caso, es importante continuar con los pasos siguientes. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se está trabajando sobre una hipótesis no validada y que, por tanto, es posible que el impacto de la acción sea bajo o nulo y que los recursos no se utilicen de la forma más eficaz
4 La hipótesis no está validada Los datos y la información que se ha recopilado apuntan en otra dirección. Llegados a este punto, es hora de reformular la hipótesis a la luz de la información disponible

Es importante identificar múltiples hipótesis a investigar que puedan describir mejor la situación local una vez se consideran todas. Se puede priorizar el trabajo sobre aquellas que estén validadas.

Mientras se recopilan datos específicos y se avanza en su planificación y aplicación, se pueden recoger información y pruebas adicionales, que pueden resultar útiles para desarrollar y validar otras hipótesis.

Actividades propuestas

•      Durante una sesión conjunta con el grupo de trabajo (y posiblemente con partes interesadas externas), analizar los distintos elementos de información disponibles y realizar una revisión crítica a la luz de la experiencia de los distintos departamentos. Recopilar una serie de hipótesis y preguntas concretas que luego puedan analizarse.

•      Examinar la lista de hipótesis y preguntas e identificar si ya se dispone de información para respaldar las hipótesis. A partir de este análisis, acordar una lista priorizada de hipótesis. Dar prioridad a los retos que tengan más probabilidades de confirmarse y formular una definición eficaz.

 Enlaces de interés

·         Artículo en línea: ¿Qué es una hipótesis científica?

 

Paso 4: Definir la información que se va a recoger

Objetivo: Medir el impacto a nivel local

Para diseñar, aplicar, supervisar y evaluar futuras acciones es importante seleccionar indicadores u otras fuentes de información que puedan caracterizar su situación. Los indicadores son esencialmente un método para medir nuestros esfuerzos y, por lo tanto, son útiles para orientar y/o ajustar las acciones a poner en marcha para mejorar el impacto de los mismos.

Existen varios tipos de indicadores, pero empezar por identificar los más adecuados permite establecer una línea de base, un punto de partida para posteriormente poder ver qué efectos han tenido las acciones aplicadas.

Los indicadores pueden aplicarse a la hora de planificar la transición energética y sus repercusiones sociales, así como las consecuencias de la pobreza energética. El objetivo es identificar características específicas, observables y medibles que puedan responder mejor a las preguntas planteadas en el paso anterior.

Los indicadores de pobreza energética deben seleccionarse teniendo en cuenta que:

  • Deben ser adecuados para supervisar el impacto local. Cuando se defina un indicador, es importante considerar detenidamente qué datos se necesitarán para medirlo y si se podrá acceder a los datos actuales y actualizarlos en el futuro. El impacto de cada proyecto implementado localmente debe ser visible a través de un cambio en los indicadores.

Por ello, los indicadores nacionales de pobreza energética pueden no ser suficientemente representativos en el contexto local. Al mejorar la situación de la pobreza energética dentro del municipio, es muy probable que esto constituya un mínimo o ningún cambio en los indicadores nacionales, mientras que puede haber cambiado significativamente la situación a nivel local con los hogares directamente afectados. Es importante recordar que para evaluar el impacto se necesita al menos dos conjuntos de los mismos datos recogidos en momentos diferentes. Un indicador que se pueda controlar adecuadamente tiene más valor que el indicador ‘perfecto’ que no es posible actualizar.

  • Los indicadores deben representar diferentes aspectos del problema, como las condiciones socioeconómicas de la población, la demografía, el clima, el parque de edificios y equipos, los costes energéticos o los hábitos culturales. Así, estos permitirán obtener una imagen más completa de las vulnerabilidades causantes del problema.
  • Se debe disponer de un presupuesto para recopilar adecuadamente los datos necesarios para el seguimiento de los indicadores, en caso de que aún no se disponga de ellos. Aunque los detalles de la recopilación de datos se proporcionan en el siguiente paso, es importante tener esto en cuenta a la hora de definir los indicadores. La recopilación de datos para medir los indicadores puede hacerse de muchas maneras diferentes y con presupuestos muy dispares. Para hacer frente a la escasez de datos y a la falta de presupuesto, se puede recurrir a datos de ciencia ciudadana y también al uso de indicadores indirectos, es decir, indicadores que ofrecen una imagen de otro factor o fenómeno relacionado con el que se pretende estudiar.
  • Deben representarse adecuadamente tanto los aspectos cuantitativos como los cualitativos. Lo ideal sería combinar la información cuantitativa con información cualitativa adicional que pueden aportar datos adicionales para evaluar la situación. Un aspecto importante a tener en cuenta son los diferentes valores de los datos cuantitativos (es decir, numéricos) o cualitativos (es decir, contextuales).

Los indicadores cuantitativos miden los cambios expresados en cifras o estadísticas. Por ejemplo, frecuencia de los acontecimientos, número de personas, porcentaje de aumento/disminución. Los datos cuantitativos también pueden medir cambios en actitudes, creencias y percepciones cuando los encuestados expresan opiniones en forma de calificaciones o clasificaciones. Este tipo de datos puede ser fácil de recopilar e interpretar, aunque, por otro lado, estos datos pueden carecer de perspectivas personales y no ser capaces de captar detalles y aspectos relacionados con la situación de los hogares vulnerables. Los datos cualitativos se refieren más a observaciones y suelen adoptar la forma de narraciones y descripciones. Estos datos son más útiles para investigar opiniones y percepciones, y para obtener perspectivas adicionales. A falta de datos cuantitativos de alta calidad a nivel local, los datos cualitativos pueden recopilarse más fácilmente y son muy útiles si se cuenta con la participación de partes interesadas conocedoras de la problemática.

  • En función del objetivo del proyecto, debe existir un grado de flexibilidad y matices suficientes para poder captar y evaluar la vulnerabilidad en distintos segmentos de la población y grupos de hogares, cuyas características pueden ser muy diferentes.
  • Proporcionar preferiblemente un resultado más completo que un simple ‘sí o no’, para que el diagnóstico sea más informativo y proporcione detalles adicionales en relación, por ejemplo, con los diferentes tipos de pobreza energética, los diferentes factores de vulnerabilidad y también los diferentes niveles de gravedad.

Definir un indicador que sea representativo, medible y preciso puede resultar difícil. Un buen punto de partida es examinar los 56 indicadores locales de pobreza energética propuestos por el Pacto de los Alcaldes junto con el Centro de Asesoramiento sobre Pobreza Energética. Estos indicadores se han debatido y se ha confirmado que son relevantes para las autoridades locales mediante un enfoque participativo en el que han intervenido el grupo de autoridades locales del Pacto y expertos de toda Europa. Se recomienda consultarlos e identificar qué indicadores pueden ser relevantes para caracterizar el contexto local y que puedan ser objeto de un seguimiento adecuado. No es necesario abarcar la totalidad de los 56 indicadores, sino centrarse únicamente en aquellos que puedan representar los principios antes mencionados haciendo caso omiso del resto. Sin embargo, también puede ser pertinente repasar la lista completa, que sin duda puede abrir nuevas preguntas y perspectivas.

El pacto entre alcaldes y su propuesta de indicadores locales de pobreza energética

El Pacto de los Alcaldes es la mayor iniciativa local del mundo. Más de 10.000 municipios han firmado una declaración política para tomar medidas contra el cambio climático a través del Pacto de los Alcaldes.

Desde 2015, todos los municipios que han firmado o renovado sus compromisos con el Pacto de los Alcaldes de Europa se han comprometido a tomar medidas contra la pobreza energética.

El Centro de Asesoramiento sobre Pobreza Energética (EPAH por sus siglas en inglés), la Oficina del Pacto de los Alcaldes y la Comunidad del Pacto han desarrollado un marco de confianza y perspectiva local para actuar contra la pobreza energética. El marco se centra en el establecimiento de objetivos, la definición de indicadores locales y la planificación de acciones.

Para más información, consultar el siguiente enlace.

Actividades propuestas

•      Identificar un conjunto de indicadores que puedan ser adecuados para su contexto local y evaluar si pueden ser útiles para responder a las preguntas que se plantearon en el paso anterior.

•      Tratar de comprender hasta qué punto es probable que se puedan recopilar datos tanto para establecer una línea de base como para supervisar los cambios en los indicadores a lo largo del tiempo

Enlaces de interés

·         Llevar la investigación sobre pobreza energética a la práctica local: Análisis a escala subnacional

·         Pacto de los Alcaldes: Aliviar la pobreza energética

·         Pacto de los Alcaldes: modelo de informe (tabla Excel con indicadores)

·         Pacto de los Alcaldes: directrices para la presentación de informes

 

Paso 5: Recoger datos y pruebas adicionales

Objetivo: Integrar la información disponible

En este paso es el momento de buscar los datos que respondan a las preguntas planteadas en los pasos anteriores y que puedan asociarse a los indicadores seleccionados. El propósito es la recopilación de información y datos para alimentar los indicadores seleccionados en el Paso 4 y proporcionar más pruebas para apoyar las hipótesis. El objetivo es comprender si la información de que disponemos es suficiente para definir correctamente los indicadores elegidos, o si todavía es necesario completar algunas lagunas, y cómo proceder en tal caso.

Independientemente de que la información y los datos hayan sido recopilados directamente (recopilación de datos primarios) o por diferentes organizaciones externas (datos secundarios), es importante verificar que los datos respetan ciertos principios básicos para que sean útiles a la hora de comprender la situación local.

  1. Distribución geográfica. Los datos y pruebas cotejados deben estar disponibles a la escala de interés correspondiente (nacional, regional, local o sublocal). Como ya se ha mencionado, los datos disponibles a nivel nacional pueden ser un recurso inicial interesante, especialmente para formular el análisis (véase el Paso 3), pero esto no representa el contexto local: las medianas nacionales ocultan las especificidades y variaciones locales. Además, las acciones locales rara vez se verán reflejadas en estos indicadores, y es posible que sólo se observen cambios cuando cambie todo el país y, por tanto, el indicador nacional.

 Cuando sea posible, es preferible dar prioridad a la información a nivel municipal, ya sea a través de fuentes externas o recogiendo los datos directamente. En la práctica, se debe poder identificar fácilmente la escala geográfica de los datos. Pensemos, por ejemplo, en países con zonas climáticas muy diferentes, como Grecia, donde en un mismo día de invierno, una ciudad del norte puede experimentar -10˚C mientras que una isla del sur tiene una temperatura de 25˚C. Esta diferencia repercutirá sin duda en algunos indicadores (por ejemplo, los relacionados con el clima), lo que sesga los resultados si sólo nos fijamos en el ámbito local.

  1. Distribución temporal. Se debe comprobar que el conjunto de datos está disponible para diferentes periodos (mensual, anual o bianual) con el fin de comprender tendencias. Además, es importante asegurar que los datos se actualizarán en el futuro para permitir el seguimiento de los cambios y la eficacia de las acciones emprendidas. También es importante tener en cuenta con qué frecuencia deben actualizarse los datos para representar correctamente el fenómeno que interesa captar (por ejemplo, algunos acontecimientos se ven afectados por la estacionalidad, de modo que una actualización de los datos cada año o cada dos años puede no ser capaz de captar los cambios; esto requeriría actualizaciones más frecuentes).

En la práctica, el calendario y el periodo que transcurre entre una recopilación y la siguiente debe especificarse con claridad. Por ejemplo, si un país se ve afectado sobre todo por la pobreza energética invernal, la información relativa a las facturas anuales de energía no bastará para delimitar el problema específico.

  1. Validez y fiabilidad. En particular, en el caso de los datos que no se recojan directamente es importante comprobar los recursos y asegurarse de que son fiables; por ejemplo, confirmando que los datos cuantitativos se han recogido respetando los principios estadísticos. Una buena señal es que la fuente describa adecuadamente el proceso utilizado para recopilar los datos e incluya los datos de contacto de los proveedores. Asegúrese de que el tamaño de la muestra es adecuado. Si los datos no se recogen de manera uniforme o rutinaria, pueden estar sesgados e inducir a tomar una decisión equivocada o poco eficaz.

En la práctica, el proceso de recogida debe ser claro, debe indicarse el tamaño de la muestra y cómo se ha definido. Por ejemplo, una organización puede compartir pruebas basadas en la información recibida en una encuesta entre sus beneficiarios que muestre que un porcentaje significativo de los encuestados tiene dificultades para pagar las facturas energéticas. En este caso, si la información proporcionada se va a utilizar para apoyar cierta hipótesis, debe tomarse como representativa sólo de la muestra recogida (que tienen la característica común de ser beneficiarios de la organización) y no puede extenderse como relativas a toda la población local y/o a la población de ese barrio.

En caso de tener acceso a datos que no respeten estos principios, puede merecer la pena considerarlos como información adicional, aunque siempre se deberán tener en cuenta las limitaciones de los datos y utilizar su información de forma crítica. En la práctica, esto sólo puede aportar pruebas parciales para respaldar una hipótesis.

 Actividades propuestas

•      Revisar la información disponible identificada a partir del paso 4 y considerar los detalles de las distintas características de la información presentada. Evaluar si la información puede caracterizar eficazmente los indicadores seleccionados.

•      Determinar si la información disponible presenta lagunas que deban completarse. Si es así, evaluar la mejor manera de recopilar la información que falta.

 Enlaces de interés

·         Ejemplo de encuesta: Herramienta POWERPOOR

·         Cartografía SIG: Pobreza energética en los municipios holandeses (Descripción) (Mapa)

·         Hogares fríos, pobreza energética y mejoras en la eficiencia energética: un enfoque longitudinal de grupos, (Grey, C.; Schmieder-Gait, T.; Poortinga, W. et al., 2017).

·         Llevar la investigación sobre pobreza energética a la práctica local: Explorando el análisis a escala subnacional (Palma, P., & Gouveia, J. P., 2022)

·         Desvelar la pobreza energética oculta utilizando la brecha de equidad energética (Cong, S.; Nock, D.; Qiu, Y.L. & Xing, B., 2022)

·         ¿Afectan las subvenciones energéticas a la temperatura interior y al consumo de energía para calefacción en los hogares con bajos ingresos? (Choi, Y., Song, D., Ozaki, A., Lee, H., & Park, S., 2022)

·         Ciencia ciudadana e investigación

  

Paso 6: Procesar toda la información y datos

Objetivo: Conectar los puntos entre las hipótesis, indicadores e información

Una vez seleccionados los indicadores y recopilada la información que los representa adecuadamente, es el momento de revisar la tabla creada durante la etapa 3; la participación de todas las partes interesadas puede acelerar esta revisión.

No existe una única forma correcta de analizar los datos recogidos. Dependerá de la información recopilada y de las cuestiones que interese abordar. Esta sección presenta múltiples vías y consideraciones que merece la pena evaluar. Para empezar, puede que sólo se identifique un indicador como representativo de la hipótesis, o puede identificarse un conjunto de indicadores y examinarlos individualmente, compararlos entre sí, o considerarse conjuntamente. Por ejemplo, si se desea investigar la eficiencia energética de un edificio, se podría seleccionar únicamente la base de datos que proporciona detalles sobre la calificación del certificado de eficiencia energética como representativa de ese aspecto (indicador).

Sin embargo, también puede explorarse la posibilidad de combinar esta información con otra de la que disponga para estudiar una perspectiva concreta (conjunto de indicadores). Se podría decidir incluir (por ejemplo) la antigüedad del edificio, el tipo de edificio y el estado de conservación. Cada uno de estos elementos puede analizarse por separado. Otra posibilidad es ‘normalizar’ y agregar los datos, que es un proceso mediante el cual se colocan los indicadores en escalas de valores alineadas, con lo que se pueden unir mediante una operación matemática para obtener información combinada.

Adoptando este método puede identificar el diferente impacto de múltiples factores. Por ejemplo, podría descubrir que la eficiencia energética de los edificios se explica en un 50% por la antigüedad, en un 25% por el tipo de edificio y en un 25% por estado de conservación. Los mapas y visualizaciones que utilizan datos del Sistema de Información Geográfica (SIG) y otras técnicas de visualización pueden ayudar a su análisis. Además, los indicadores y, sobre todo, el conjunto de datos utilizado también debe ser coherente entre sí en cuanto a su organización y forma. Por ejemplo, no se pueden comparar casas rurales con el estado de conservación de apartamentos urbanos.

Cuando se utiliza más de un indicador es importante tratar de evitar la redundancia, lo que significa tratar de evitar indicadores que proporcionen exactamente la misma información. Cada indicador debe aportar información nueva a las consideraciones generales. Por ejemplo, las necesidades energéticas del edificio y la tasa de energía son idénticas, ya que un edificio con una buena tasa de energía tiene menores necesidades energéticas. Sin embargo, la antigüedad del edificio y su estado de conservación aportan información diferente: un edificio puede ser antiguo y tener un estado de conservación bueno o malo.

Si es posible, es muy beneficioso integrar información cualitativa y cuantitativa, para captar no sólo la pobreza energética medida a través de indicadores socioeconómicos y de infraestructuras, sino también la pobreza energética percibida, captando todas las formas de los diversos perfiles de los consumidores. De hecho, la pobreza energética está estrechamente relacionada con la percepción personal del confort térmico. Por ejemplo, en el mismo hogar, en la misma vivienda y con las mismas características, una persona puede sentir frío y otra no, ya que las preferencias personales difieren.

Como la pobreza energética es multidimensional, siempre se necesitará más de un indicador. Por ejemplo, si se desea investigar la pobreza energética entre las personas mayores de un barrio concreto, porque hay información de que existe un alto porcentaje de morosidad en las facturas energéticas en esa zona, es posible que se necesiten indicadores sobre la distribución de la población anciana en ese barrio, la morosidad con las facturas en el mismo barrio, el gasto energético y los ingresos, la eficiencia energética de las viviendas y, además, la percepción del confort térmico.

Se puede reevaluar la hipótesis a la luz de nuevos resultados obtenidos y discutirlo con el equipo. En algunos casos, los resultados pueden parecer extraños o no tener sentido, y puede haber un detalle oculto que requiera un análisis adicional. Por ejemplo, es posible que los ciudadanos de un barrio de bajos ingresos con viviendas antiguas e ineficientes desde el punto de vista energético no tengan atrasos ni problemas para pagar las facturas, pareciendo no estar en situación de pobreza energética. Sin embargo, puede que no sea así, y si hubiera pruebas suficientes para profundizar en el análisis puede que en esta zona la gente decidiera no calentar o enfriar adecuadamente sus hogares, lo que se traduce en facturas energéticas bajas, pero también en un confort térmico deficiente.

En este caso, habría que investigar más a fondo, posiblemente analizando el subconsumo o incluso realizando entrevistas para investigar cómo se sienten estas personas en sus hogares. Es mejor esta perspectiva, que puede no ser visible a través de los datos disponibles (por ejemplo, en organizaciones de la sociedad civil, ONG, servicios sociales, etc.).

El enfoque adoptado está estrictamente relacionado con el resultado que se quiere alcanzar y las preguntas que se plantean. Puede que para planificar algunas acciones e identificar a los beneficiarios se necesite establecer un umbral. El diagnóstico puede consistir en la identificación de personas en situación de vulnerabilidad o pobreza energética en un barrio. En este caso, el uso de indicadores permite separar a los que no sufren pobreza energética de los que sí la padecen. Se pueden evaluar diferentes métodos para distinguir entre los grupos. Por ejemplo, utilizando el gasto y los ingresos, se puede utilizar la mediana doble del gasto energético. Esto significa que, si un hogar tiene un gasto energético superior al doble del gasto energético medio de la población, entonces se encuentra en situación de pobreza energética. Este método depende de la población y del contexto (relativo).

Alternativamente, se puede adoptar un método diferente y considerar que un hogar necesita tener una renta disponible después de afrontar los gastos energéticos superior a 600 euros para tener calidad de vida; cualquier hogar con una renta disponible inferior estará en situación de pobreza energética. Este enfoque marca un estándar fijo de habitabilidad (absoluto). Se puede evaluar también el grado del problema, determinando la distancia a la que se encuentra cada hogar del umbral.

Durante todo este proceso es importante ser pragmático y obtener información de la que se esté seguro de que es coherente y que también se pueda recopilar para la siguiente ronda de información (seguimiento de los avances y actualización del diagnóstico local). Es fundamental no olvidar que la lucha contra la pobreza energética es un proceso, por lo que se puede decidir cerrar el diagnóstico con datos confirmados, pero menos extendidos en un momento concreto con el objetivo de mejorar y ampliar los conocimientos en el futuro. Hay que tener en cuenta que los distintos factores que influyen en la pobreza energética pueden variar con el tiempo (por ejemplo, el aumento de los precios de la energía), por lo tanto, es importante recordar que el diagnóstico es una radiografía de la pobreza energética actual, que puede ser muy diferente dentro de dos o cinco años. Además, los cambios legislativos pueden contribuir a modificar el enfoque y las medidas aplicadas para apoyar a los consumidores vulnerables.

Si no se dispone de datos de hogares, se puede desarrollar un enfoque basado en la vulnerabilidad regional, utilizando valores medios o medianos de los indicadores. El resultado es un rango de valores, lo que significa que se puede observar si una región o barrio es más vulnerable que otro, pero no se puede identificar a los consumidores vulnerables. Por ejemplo, un barrio con una mayor proporción de viviendas ineficientes, personas mayores y una renta media más baja será más vulnerable.

Es pertinente mencionar que estos enfoques pueden llevarse a cabo con mayores o menores niveles de complejidad y fiabilidad. Se puede utilizar una fórmula sencilla para interrelacionar los indicadores o aplicar métodos estadísticos. Estos últimos proporcionan información importante sobre correlaciones, probabilidades e incertidumbres entre causas y consecuencias, con un mayor nivel de confianza, pero puede requerir técnicos expertos en estos métodos. Considerar si es necesario involucrar a un experto externo para la visualización de datos, puede facilitar este proceso. Además, contar con los conocimientos de un experto también puede ser valioso para que el resultado sea transparente.

Una vez que se hayan considerado todos los razonamientos anteriores, es hora de actualizar la tabla con las hipótesis. Se puede integrar la información basada en los nuevos datos recabados y los indicadores establecidos y proceder a una nueva priorización de las hipótesis inicialmente propuestas.

Tabla 3. Hipótesis sobre pobreza energética asociada a los indicadores

Hipótesis Creemos que puede haber pobreza energética en X barrio debido a la mala calidad de las viviendas Creemos que puede haber pobreza energética en X barrio porque los edificios no están conectados al sistema de calefacción urbana
Robustez original Alta Media
Nuevos datos Socioeconómicos

Medioambientales

Combinación de factores energéticos

Socioeconómicos

Nueva robustez Alta Alta
Indicadores seleccionados ·         Proporción de hogares o personas con presencia de fugas de agua, humedad o podredumbre en su vivienda / total de hogares o personas

·         Porcentaje de hogares o personas del municipio que experimentan molestias de calefacción / total de hogares o población

·         Número de grados-día de refrigeración al año

·         Personas u hogares vulnerables / total de personas u hogares

·         Incapacidad para mantener la vivienda adecuadamente caliente

·         Hogares o personas conectados a la red de gas / total de hogares o personas

·         Elevada proporción del gasto energético en relación con la renta (2M)

·         Proporción de hogares o personas del municipio con acceso a combustibles y tecnologías limpias para cocinar

·         Precio medio del gas

·         Precio medio de la electricidad

·         Personas u hogares que reciben asistencia social

Actividades propuestas

•      Diseñar un cuadro con hipótesis, indicadores, conjunto de datos y combina cada una de las hipótesis con los indicadores específicos y el conjunto de datos necesarios para su seguimiento.

•      Discutir críticamente diferentes conjuntos de indicadores centrándose en la visión que proporcionan y cómo pueden contribuir a caracterizar y definir la pobreza energética local.

Enlaces de interés

·         Selección de indicadores para medir la pobreza energética (Dirección General de Energía, 2016)

·         Indicadores de pobreza energética: Una revisión bibliográfica sistemática y un análisis exhaustivo de la integridad (Siksnelyte-Butkiene, I.; Stremikiene, D.; Lekavicius, V.; Belenzentis, T., 2021)

·         Repensar la medición de la pobreza energética en Europa: Un análisis crítico de indicadores y datos (Thomson, H.; Bouzarovski, S; Snell, C et al., 2017)

·         Métricas europeas de la pobreza energética: Escalas, perspectivas y límites (Sareen, S. Thomson, H; Tirado Herrero, S et al., 2020)

·         Cuadro de indicadores nacionales de la EPAH

·         Indicadores nacionales de pobreza energética: Perspectivas para una medición más eficaz (2022)

 

Tercera fase

La fase de finalización puede considerarse tanto el momento de formalizar la evaluación de la pobreza energética local y la metodología adoptada, como el momento de considerar cómo canalizar la información recopilada.

No se requiere la implicación de todo el equipo ni un presupuesto significativo para finalizar el diagnóstico. Puede hacerse de forma independiente por la persona de contacto que trabaje en el ámbito de la pobreza energética. Sin embargo, se aconseja la implicación de todo el grupo de trabajo para llevar a cabo una revisión y proporcionar retroalimentación. Puede ser útil implicar a un equipo de comunicación para llegar al público objetivo deseado. En función del objetivo específico, convendría evaluar el implicar a un experto en comunicación para preparar anuncios específicos o para asesorar sobre la captación de un público concreto (por ejemplo, entidades de inversión).

 

Paso 7: Definir la pobreza energética local y comunicación

Objetivo: Concluir el diagnóstico con un registro del proceso y compartir información clave

Ahora que ya tenemos todos los elementos, es el momento de formalizar el Diagnóstico Final de Pobreza Energética. Es importante concluir la fase de diagnóstico con un informe estructurado que deje constancia de la metodología adoptada y los pasos realizados. Esto facilitará el recuerdo de lo que se ha hecho y hará que el proceso sea más claro para una persona externa que desee entender cómo ha realizado el diagnóstico. Hay que tener en cuenta que se debe realizar un segundo diagnóstico para evaluar el impacto, comparando los resultados con el diagnóstico anterior y analizando qué ha cambiado. Para ello es importante replicar la misma acción y asegurarse de que no hay diferencias en la metodología que puedan introducir un cambio que no se deba a las acciones que se han implementado.

Es necesario centrar el documento en el objetivo principal que se estableció al iniciar todo el proceso, mostrando el desarrollo de la hipótesis, los indicadores y la información que se recogió. Además, se debe informar sobre la solidez, basándose en los distintos enfoques que se han seguido. Si la definición alcanzada se basa únicamente en hipótesis e indicadores que no están plenamente confirmados, es importante indicarlo claramente y subrayar que la definición aún debe confirmarse por completo.

En cuanto a la estructura del propio informe, se puede seguir el esquema de las distintas etapas previstas de la metodología y detallar cada una de ellas con el material elaborado (cartografía de las partes interesadas, lista de recursos, definición de indicadores, análisis de datos, mapas y visualización, método de recogida de datos utilizado, etc.). Teniendo en cuenta que muchos pasos se realizaron con la ayuda de un equipo, merece la pena implicar a distintas personas en la elaboración de la versión final. Es recomendable considerar también la posibilidad de dedicar algún tiempo adicional a solicitar comentarios externos de otras personas y/o partes interesadas. Parte de la fase final consiste en saber cómo canalizar la información para captar la atención del público de diferentes audiencias que puedan apoyar las acciones propuestas. Ser capaz de comunicar es una herramienta poderosa para ganar consenso, movilizar la voluntad política y/u obtener fondos.

Para ello, hay que identificar los mensajes clave que desea transmitir y definir el público o públicos destinatarios. Puede que se quiera comunicar a los ciudadanos que el municipio está tomando medidas, y a las partes interesadas que es necesario asignar un presupuesto para acciones adicionales. Entonces podrá decidir cómo, dónde y cuándo se comunicará.

Se pueden utilizar distintos enfoques; tal vez se desee desarrollar una campaña, convocar una reunión presencial o enviar un correo electrónico. Puede plantearse utilizar un sitio web o los canales de las redes sociales, o tal vez presentar los resultados durante un acto, así como considerar todo el personal implicado y su capacidad para llegar a su público objetivo. Además del personal identificado, es conveniente evaluar si otras partes interesadas poseen conocimientos específicos sobre pobreza energética y pueden ayudar a difundir el mensaje con mayor rapidez.

Actividades propuestas

•      Redactar el borrador del informe de diagnóstico de la pobreza energética y compartirlo con las distintas partes interesadas para recabar sus aportaciones. Designar a una persona en concreto para que finalice la redacción.

•      Enumerar 2-3 mensajes clave claros y concisos y el público o públicos destinatarios específicos. Evaluar posibles formas de llegar a ellos a través de la comunicación.

Enlaces de interés

·         Diagnóstico de la pobreza energética: Municipio de Girona (español, 2017)

·         Diagnóstico de la pobreza energética: Barcelona (catalán, 2016)

·         Cómo comunicar su proyecto (todas las lenguas de la UE, 2022)

Llegados a este punto, tenemos en las manos un diagnóstico completo de la pobreza energética en contexto local, además de material adicional que puede ayudar en la siguiente fase: la planificación. Puede resultar difícil decidir cuándo detener el diagnóstico y pasar a la planificación y la ejecución. La pobreza energética es un reto y se puede tener la impresión de que no se dispone de suficiente información. Además, en este mundo tan cambiante, también puede existir la sensación de que, cuando se termine el diagnóstico, el escenario ya habrá cambiado.

Se pueden repetir los distintos pasos de la fase de diagnóstico hasta que se considere que existe una base lo suficientemente sólida como para seguir adelante. Sin embargo, hay que considerar que pasar a la planificación y ejecución también puede desbloquear una mejor comprensión de la situación de pobreza energética a nivel local.

Es importante recordar que estamos trabajando en un modelo circular en el que se revisa y actualiza el diagnóstico cada vez que se considere necesario. Cada vez se ganará más confianza en el proceso y más información, lo que permitirá abordar adecuadamente múltiples aspectos del reto que supone.

El objetivo general de todo el proceso es empezar a hacer frente a la pobreza energética, e incluso pequeñas acciones planificadas a partir del diagnóstico disponible pueden contribuir a conseguir un impacto positivo. Es clave comprender cuándo es el momento adecuado para dejar de analizar y no tener reparos de pasar a la acción.